Había una vez una niña llamada María, que vivía en un pequeño pueblo en la montaña. A María le encantaba explorar el bosque y descubrir todas las maravillas que escondía.
Un día, María decidió salir a explorar el bosque. Caminó por el sendero y encontró un hermoso lago rodeado de árboles. Se paró en la orilla y miró las aguas cristalinas, que reflejaban los colores del atardecer.
De pronto, María vio algo que se movía bajo la superficie. Se acercó para ver mejor y descubrió que era un pequeño pez dorado. El pez dorado salió de las aguas y habló con María. Le contó que era el rey de los peces del lago y quería que María fuera su amiga.
María aceptó y el rey de los peces la llevó a su reino submarino. Allí conoció a todos sus habitantes y descubrió un mundo lleno de magia.
María y el rey de los peces pasaron muchas horas juntos y se hicieron grandes amigos. Cuando María regresó a casa, el rey de los peces le regaló una moneda mágica con la que podía hacer un deseo cada vez que la necesitaba.
María y el rey de los peces se volvieron a ver más adelante y se hicieron grandes amigos. La moneda mágica de María siempre estaba a su lado para ayudarla en los momentos de dificultad.
María se convirtió en una gran exploradora de los bosques de la montaña y el rey de los peces siempre la acompañaba. Juntos vivieron muchas aventuras.
Autor: Anonimo